sábado, 7 de enero de 2017

Fragmento de mi novela inédita "Nubes negras sobre Bianchi"


Los pasillos de la clínica son beige. Un beige que le otorga serenidad. Los consultorios son pequeños, discretos. Con unos marcos de madera en las puertas que a simple vista se ven carísimos. Su único detalle reprochable es que están demasiado cercanos a la recepción. Las recepcionistas de seguro alcanzan a escuchar a los pacientes soltándonos toda su cháchara obsesiva. Les deben quedar dando vueltas los "No puedo hacer nada, Doctor, es inevitable...yo trato de no pensar; de concentrarme en otras cosas, pero nada, por más que quiera es inevitable: tengo que prender la laptop, entrar a los chats, fingir que soy un cagón de once años y chatear con carajitas que pueden ser mis nietas". O a lo mejor no. A lo mejor el levantar el teléfono y fingir la voz: Centro de Investigaciones Sexólogicas, a la orden, le habla Luz, o le habla Gusmar cuarenta mil veces al día no les permite distracciones. A lo mejor se embelesan tanto con los cuestionarios sexuales de Cosmopolitan que no le paran a esos culpables y confesos que atendemos a diario. Total, en revistas como Cosmo y Vanidades siempre encontrarán Las mil una forma de enloquecer a tu hombreLas ciento y un maneras de multiplicar los orgasmos, ¿para qué querrían más orientaciones en materia sexual?
Sí, ya las secretarias y recepcionistas no deben estar muy pendientes de lo que nuestros pacientes nos dicen en secreto de confesión. Sí, nuestro trabajo se parece al de los curas, pero sin los reproches morales ni las penitencias. Los dejamos hablar sin temores. Lo máximo que pueden llegar a experimentar frente a nosotros es la vergüenza natural, diminuta, gigantesca, quién sabe, que produce confesar lo mucho que les encanta meterse botellas por el culo, fisgonear a los niñitos de los vecinos o hacerse la paja pensando en la Virgen.
Los dejamos desahogar esas inmoralidades por las que el resto de humanos los condenarían y en otras épocas apedrearían hasta matar. Que desahoguen todo ese veneno que los consume día a día. "No puedo venirme, Doctor, no puedo. No es que mi marido no me guste, es que simplemente no puedo lograrlo. Ni que me concentre ni que piense en mil penes, puedo hacerlo. Debo tener algún problema" y de seguida un llanto impotente.Tal vez ni vergüenza les da, solo simple sorpresa, como quien no acepta que se rascó y puso la torta en una fiesta: "Me gusta, Doctor, no sé cómo explicarlo, pero me vengo de nada más escuchar como estallan los globos. Plap, plap, en lo que suenan Plop plop ¡zas! ahí mismito llego".
Yo aún no puedo pasar consulta sola. Soy apenas R1, es decir: Residente Uno. La nueva. La gocha. O sea: la más bruta, la más perdida, la más Pepito Preguntón. Pero igual entro a los consultorios junto al Doctor; escucho toda clase de perversiones. Me sonrojo. El sabelotodo de Orlando dice que se me irá pasando poco a poco. Que a él también le pasaba, pero que con el tiempo y el profesionalismo uno se va adaptando a esa marea de historias sórdidas.
También las hay medio estúpidas. Unas que sinceramente uno termina preguntándose ¿por qué toches buscan ayuda si de anteojito está la solución? Pero nada, quieren terapia. Urgen de terapia y nosotros urgimos de pacientes, de historias, mórbidas o no, que aporten los recursos para pagarnos nuestras becas. Para pagar nuestras cuentas, para mantener impecable el beige de los pasillos y la madera fina de las puertas. 
"Yo sé que él me es infiel, Doctor, lo sé. No tengo pruebas, pero lo sé, estoy segura, segurísima". "Claro que no, Doctor, yo no le soy infiel, simplemente veo pornografía: ya, eso es todo. La veo para desestresarme. En la oficina tengo muchos peos y necesito un desahogo. Y para serle sincero: si no la veo no puedo excitarme. Por eso ella cree que yo le soy infiel porque me he hecho tanto la paja que cuando subo al cuarto ya no tengo ganas; ya me he venido mucho; ya estoy exhausto. Y le digo que es el trabajo, que estoy cansado, que tengo mil peos en la oficina. Pero infiel no soy. Al menos que ver pornografía y masturbarse sea una especie de new level de la infidelidad".
Yo quisiera decirle a la vieja mojigata: "No joda, agarre y se sienta a ver la pornografía con su marido. ¿Cuál es el peo? No sea tan problemática. ¿No está viendo que no se está acostando con otra? Que solo es una obsesión compulsiva. Además, ni que la pornografía fuera la gran vaina. Un viaje de tetas operadas gritando y gimiendo. Una gran falsedad. Un inmenso teatro. ¿Qué es lo más grave que puede conseguirse en aquel tropel de mentiras? ¿Una tipa dejándose coger por un burro? ¿Una orgía? ¿Sexo anal? Sea ecuánime: reconozca el potencial sanativo de la pornografía. ¿Cuántos pervertidos han podido drenar sus deseos de hacer daño a través de esas imágenes irreales? La pornografía resulta a final de cuentas un mal necesario en una sociedad tan pacata e hipócrita como la nuestra". La oigo y me provoca insultarla por bolsa, pendeja y sobre todo: apatusquera. 
Pero nada, tengo que mantenerme como una momia a la pata del Doctor y parecer inteligente, preparada, sabelotodo."Sí, es cierto, Doctor, soy virgen aún, pero no quiero serlo más. Estoy cansada (llanto desconsolado) estoy harta de ser la nerd. Me burlaron en el liceo, luego en la universidad, ya está bueno. ¡No quiero! ¡No quiero no saber! No quiero ser más la rara. Yo sé que ustedes tienen terapeutas que me pueden ayudar. Yo les pago, lo que sea, pero que alguien por fin  me vuele ese virgo que me tiene harta".
Me provoca meterle una cachetada. ¿Usted sabe cuánto le pagarían en otros países por volarle ese virgo, mija? ¡No sea estúpida! ¡Eso es oro! Desde un príncipe en los Emiratos Árabes hasta un magnate petrolero le darían el cielo, las estrellas con tal de tener el privilegio de arrancarle ese himen. ¡Ya no quedan vírgenes, mija! Son una en un millón. ¿Y a la edad suya? ¿Y con ese rostro y ese cuerpo? ¡Usted lo que se merece es un cocotazo por bolsa, bruta y apatusquera!
Pudiera estar pasando revista en el Antituberculoso de la avenida Guayana. Pudiera estar tratando pacientes con piojos, sarna, diarreas y Chikungunya. Pero no, no quise hacer posgrado en las dos únicas especialidades que me ofrecieron: Epidemiología o Medicina Integral Comunitaria. Ya estaba harta de eso. Bastante comunitaria había sido mi carrera ya. Bastante popular y humanitaria. Es momento de capitalizarme. De montar un consultorio y sacarle los ojos a la gente. A gente urgida de contarme cómo le pasan la lengua por sus clítoris los gatos y perros que tienen en casa porque no consiguen otra forma de venirse.Bastantes pobres desasistidos requieren con urgencia pedirme, suplicarme cómo salir de esa manía tan terrible de oler, ver, tocar y hasta comer mierda para poder venirse.
 "Sí, por favor, Doctora, ayúdeme, necesito dejar esa manía, lo necesito, me da vergüenza, me siento muy mal". Hay tanto enfermo por ahí necesitando desahogar sus felonías con nosotros. Tantos polvos de gallo sufriendo porque las mujeres no hacen sino abandonarlos, humillarlos, dejarlos o montarles cachos.
Eyaculadores precoces sobran en el planeta, homosexuales reprimidos cuya disyuntiva más grande en la vida es salir o no del closet, necrofílicos, frotadores, pedófilos, emotofílicos, masoquistas, fetichistas, voyeuristas, clismafílicos, eproctofílicos, triolistas, y mientras ellos exijan asistencia médica para sacarlos de ese abismo del cual no saben salir yo tendré trabajo, bienes, viajes, conferencias médicas y hasta una columna en una prestigiosa revista. 
En el mejor de los casos, saldré en la televisión nacional en horario estelar como hacía el Doctor Bianchi (y eso que él habla como si tuviera una papa en la boca) (y eso que es más bien feúco). Si la suerte me acompaña no solo tendré consultorio, rondas en hospitales psiquiátricos de mucho renombre, artículos de divulgación científica (en español y en inglés, por supuesto), congresos, simposios, viajes, lujos, sino pres-ti-gio. 
Sí, yo estoy a la caza del prestigio que ningún otro sexólogo del país ha alcanzado. Tengo que mezclar la simpatía de la exgorda de Cosmopolita TV, la popularidad del Doctor Sharí y las vinculaciones con el Gobierno del Doctor Bianchi. Mis redes de contactos deben superar los campos de acción de todos tres juntos: TV, farándula y poder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario