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Dieta balanceada

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Como ya todos saben, mi inclinación ha sido y es: promocionar a los escritores regionales y nacionales; no porque esté asumiendo una posición de extremo nacionalismo ni mucho menos, sino porque es importante justipreciar lo nuestro (y no sólo lo literario sino todo: tradiciones, fiestas, idiosincrasia, imaginarios, actitudes, creencias…). Ahora bien, uno de mis más queridos y admirados profesores de post grado, me señalaba recientemente, que para lograr calar en un público tan exigente como la actual juventud venezolana, no basta con ofrecer una variedad de opciones de los más dignos representantes de las letras nacionales, pues, el gusto por lo literario se cosecha, tal cual dieta alimenticia: de manera balanceada. En otras palabras: si a un muchacho se le da sólo apio seguro se pondrá amarillo; si se le da nada más que arepa de seguro terminará –además de subalimentado- estreñido; si entonces les negamos las carnes –los vegetarianos son expertos en este aspecto, los remito a ellos- t...

Autoedición: ¿Adelanto o retroceso?

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Una de las razon es por las cuales no se ha podido consolidar una literatura regional tachirense que trascienda al terreno de lo nacional es: la autoedición. Sí, ya sé que están pensando, que exagero, pero entre los muchos factores que han incidido en la perpetuación de este panorama es el afán por publicarse. Así pues, quien cuenta con los medios económicos o el poder institucional opta, ante las difíciles condiciones de publicación de nuestra nación, por la autoedición, obviando el importante, imprescindible e inaplazable ARBITRAJE que todo texto, de cualquier índole requiere. De esta manera, quien considera que acaba de escribir la última coca-cola del desierto o el tratado fundamental de la existencia humana, amparado por sus más irreprochables armas: el dinero y el ego, publica sin medir las consecuencias y termina por hundirse en el anonimato. Me explico: la meta mayor para los autores regionales es el respeto y reconocimiento en otros lares del país de modo que pueda llegar a tr...

Pelando, pelando

Viendo una de las tantas repeticiones de la premiada adaptación cinematográfica de la obra de Stephen King “Misery”, (con la cual por cierto recibió su tan merecido Oscar la primera actriz Katty Bates) me hizo reflexionar la escena en que el protagonista le dice a su editora que si logra algo bueno con su más reciente producción podrá irse tranquilo a la tumba, pues su serie melodramática “Misery” no es algo de lo que pueda sentirse orgulloso. “Sin embargo, pagó el colegio y la ortodoncia de tus hijas”, le contesta la talentosa empresaria, haciéndome recordar que en estos lares las ganancias por escribir no alcanzan ni para el pasaje. Estarán pensando –y con justa razón- que soy contradictoria, puesto que en varias ocasiones, a través de este mismo espacio, he aseverado que el libro por ningún concepto debe ser visto como bien rentable, como un vil producto mercantil. Reconozco que fui extremista, y aunque sigo considerando que el arte, la estética y la calidad deben prevalecer antes q...

De víctima a victimaria

Cuando tuve por primera vez en mis manos mi libro "Thanatos Agency y otros cuentos insensatos" era 6 de noviembre del año en curso, había invitado a un montonón de amigos, colegas, alumnos y familiares a que me acompañaran al acto público organizado por la Editorial El perro y la rana, dentro del marco de la FILVEN 2009/Capítulo Táchira, y tenía tanta emoción que no me quedó nás remedio que dar las gracias públicamente por recibir semejante honor. Al llegar a mi casa me puse a leerlo con calma y a darme cuenta poco a poco y sin podérmelo creer, que habían arruinado parte de su contenido. La indignación fue inmensa pero la tristeza por los años de trabajo que me tomó redactarlo fue peor. Por eso me llené de valor y decidí quejarme formalmente ante el presidente de la fundación, aun sabiendo que haría caso omiso de mi reclamo, pues, los escritores de provincia somos para los de la ciudad una especie de familiar fastidioso al que deben ver a juro y por simple obligación. Pasados...

Una celebración con sabor agridulce

Cuando me enteré de que recibiría una mención honorífica en un Concurso Nacional de Cuentos, estaba en un Cyber; comencé a pregar gritos como una loca y corrí a alquilar un celular (porque siempre ando des-saldada) y llamé a mi amigo Moisés Cárdenas. Le di, con lágrimas a granel, la noticia, y asumí con ello que era el día más feliz de mi vida. Ese mismo año (2005) me di cuenta que había quedado finalista en uno internacional y volví a experimentar esa sensación de dicha que seguro vivió Verushka Ramírez cuando ganó el Miss Venezuela o Esthefanía Fernández al hacerle el sueño realidad al Zar de la belleza. Al año siguiente, fue mi querido amigo David Colina Gómez quien me dio el notición de haber quedado dentro de los ganadores del Certamen Mayor de las Artes y de las Letras. Nuevamente me encontraba sola y sin nadie con quien celebrar mi regocijo (pues estaba en horario de trabajo y no podía ni pegar brincos, ni llorar y mucho menos abrazar a David), así que me encerré en el baño de l...

¿Los libros una necesidad vital?

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Dentro del limitado presupuesto familiar se incluyen desde los productos más primordiales como jabón para fregar los platos, hasta los más estrambóticos como un spray que promete acabar con los ácaros escondidos en nuestras almohadas. Lamentablemente, éste (salvo las valiosas excepciones) no incluye a los libros en sus largas listas de artículos infaltables dentro de nuestro hogar. Es como si éstos no ocuparan un sitial de honor dentro de nuestras necesidades primigenias. Un querido profesor de pre grado bromeaba el otro día, sobre los hechos acaecidos durante los “saqueos” del histórico veintisiete de febrero, en los cuales, para asombro de todos nosotros, y para risa de otros muchos, no se perdonaron carnicerías, abastos, distribuidoras de artefactos electrodomésticos, mueblerías, panaderías…(Uff! Quizás todo lo que termine en “ía” que tenga venta de víveres y enseres), pero se dejaron INTACTAS y por completo abandonadas a las “LIBRERÍAS”. Según él, en la ciudad capital podía verse p...

Justipreciar lo nuestro

Hace algunos años escuché de una querida amiga, a quien tenía influenciada el acento seductor de su novio caraqueño: “¿Se bañastes?” “¿Se arreglastes?” Aunque me daban muchas ganas de reírme en su cara, me contenía por consideración. Creía que sus galimatías se debían en parte a su enamoramiento y por su puesto, a su deseo de imitar lo que le era ajeno. Después oí a uno de mis profesores de pre grado, en medio de una concurrida dinámica grupal afirmar: “Súbate a esa silla, súbate, súbate!”; también dijo con total desparpajo: “Métate, métate!” Tales comportamientos son reflejo de nuestra idea de imitar todo lo foráneo, de no aceptar lo propio, de no sentirnos identificados con lo que nos pertenece ya sea por herencia o por simple idiosincrasia. Eso mismo sucede quizás con los escritores, pues, en su afán por conseguir la originalidad, el reconocimiento, producen obras que no se corresponden con la realidad histórico-cultural donde son engendradas. Si bien no puede negarse que hay que es...