jueves, 24 de septiembre de 2009

La voz del pueblo (no) es la voz de Dios

Dentro de la literatura se aborda mucho lo del adagio criollo “la voz del pueblo es la voz de Dios”. En el cuento “El diente roto” de Pedro Emilio Coll lo repiten hasta el cansancio, y por eso llega Juan Peña al umbral de la muerte con una leyenda a sus espaldas que está muy lejos de ser cierta. También en el aleccionador cuento de José Rafael Pocaterra “La casa de la bruja”, se abusa del poder justificado en esa vieja creencia haciéndose vivo ejemplo de cómo al reproducirse una mentira mil veces termina convirtiéndose en verdad. Si no pensemos por un momento ¿Por qué el pueblo donde vivía la supuesta bruja la ve en los techos? ¿Por qué sus conjeturas se les muestran de manera tan clara que no permite lugar a dudas? Estarán diciéndose, y con justa razón, que eso lo hizo de modo intencional el autor, y es cierto, pero si miramos con ojo crítico no sucede sólo en el terreno de lo ficticio, en los cuentos o leyendas. La realidad está plagada de esta manera de asumir lo que es cierto o no. Un buen ejemplo es el mensaje electrónico adjudicado al laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez “La marioneta”, que él mismo reconoció públicamente no haber escrito, es más, que aseveró con notable molestia que si hubiese hecho algo tan ridículo como aquellas líneas prefería el retiro definitivo del mundo de las letras. Otro similar es cuando se promociona una obra literaria a través de personajes de la farándula que terminan por acreditarle rasgos que a lo mejor carece. Como ocurrió con la opera prima del disk jockey Alejandro Rebolledo “Pim pan pum” la cual fue promovida por los artistas caraqueños de más renombre durante los años noventa (como Elí Bravo), haciendo que la gente escuchando a “la voz del pueblo” corriera a comprarla y por ende, agotarla en un dos por tres. Lo que no se midió, ni se mide dentro de los ranking populares de esta tradición, es que se pasa por encima de la verdad y se convierte -como ya se dijo- una mentira en cierta. No sólo quienes leyeron el tierno mensaje por e mail o compraron la obra de Rebolledo lo pudieron comprobar sino todo aquel que ha sucumbido a los encantos de la publicidad ha podido experimentarlo (en especial porque la política hace fiestas con este invaluable recurso) ¿Será que en definitivo la voz del pueblo no sólo es la voz de Dios sino la más sabia y confiable? ¿Será que seguiremos cometiendo errores por pura tradición?
ULA-Táchira (soryady1@yahoo.es)

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