miércoles, 30 de septiembre de 2009

¿Lugar de reposo o de regaño? (II)

A propósito de bibliotecas ¿Cómo es que los jóvenes empiezan a temerle? Y no me refiero sólo a los que ya por naturaleza o falta de estímulos son unos flojos y todas las actividades que implican leer les parece un verdadero fastidio, sino a los chicos en general…De acuerdo a la experiencia propia –y reconozco que muchos pueden estar pensando que detrás de mis palabras se guarda un deseo reprimido por formar parte de la enorme lista de empleados públicos de este país, y es válido- los bibliotecarios asumen a veces – salvo por supuesto de valiosas excepciones- posiciones de poder y excesivo autoritarismo a la hora de asesorar a los muchachos que se acercan al santuario de la biblioteca en busca de información, ocasionando que éstos desarrollen posiciones autómatas y en el peor de los casos, sentimientos de aberración hacia tales espacios. Espacios por cierto, diseñados no sólo para el uso de los libros como fuentes de sabiduría, sino como medios de placer y disfrute estético. Porque recordemos que no están llenas únicamente de textos científicos, técnicos, especializados y humanísticos, también hay, y –como me encanta reconocerlo- en demasía, obras diversas, heterogéneas, grandiosas, artísticas y sobre todo invaluables. Por ello, es posible que cuando a un joven se le dice en tono brusco y con gesto represor: ¿Qué busca? No le quede más remedio que ceñirse a ubicar lo que el profesor le pidió e irse a su casa con el firme convencimiento de que en las bibliotecas no se va a otra cosa que no sea conseguir la tarea, copiarla en el cuaderno o mejor, sacar fotocopias. La cuestión sería ¿Por qué el librero que atiende a los usuarios en las bibliotecas no fomenta, cual promotor de lectura que debe ser, el gusto de leer? Sobre todo porque el ambiente dado allí, es el más propicio para experimentar una lectura pausada, calmada, profunda. ¿Será acaso que la mística y dedicación del bibliotecario se reduce en la práctica a satisfacer necesidades inmediatas y nada más? ¿O será que entre más libros se tomen de las estanterías para leer de manera espontánea, curiosa, placentera, representan mayor número de ejemplares que ordenar y guardar, y por tanto, más trabajo que hacer? Buenas preguntas!!!!!!
ULA-Táchira soryady1@yahoo.es

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