sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Lugar de reposo o de regaño?

Las bibliotecas siempre han sido una especie de sitio sagrado, donde la cultura del orden, el silencio y la tranquilidad prevalecen por sobre todas las cosas. No obstante, resultan para muchos jóvenes, espacios que atemorizan y hasta “espantan”. Tal aseveración puede llegar a sonar fuera de proporción, pero en realidad, durante muchos años se le ha brindado al usuario (en especial al pre adolescente) un trato autoritario que no permite que se sienta identificado con esos pasillos repletos de sabiduría. Una vez llegué a presenciar cómo uno de los llamados a atender el recinto de la biblioteca, con entrega y pasión, se “comía” a un niñito que preguntaba por un tema específico para una tarea del liceo. Aquél tono feroz de ese bibliotecario poco identificado con su noble labor, no pudo menos que dibujar en el rostro del pequeño, un deseo enorme por salir corriendo de ese horrendo lugar. Cabe preguntarnos entonces ¿Acaso no existe un código ético para los bibliotecarios? Si bien no es un negocio, donde los clientes resultan su razón de ser, y la mala atención que se ofrezca, se traduce en pérdidas, tampoco es justo que se desestime al usuario por considerársele inmaduro, incapaz de cuidar los libros, o en el peor de los casos insignificante. Ello nos remite a un cuestionamiento aún más intrincado ¿Cuántos potenciales lectores se pierden con actitudes tan toscas como el de aquél servidor público? Hay que reconocer por supuesto que hay excepciones pero...Cuando inicié mis visitas a la principal biblioteca de la ciudad, tenía apenas doce años, y recuerdo haber vivido experiencias poco satisfactorias con los que me atendieron en ese entonces, que me permiten deducir con desencanto que tales prácticas forman parte del acervo cultural. No obstante: ¿Merecen nuestros hijos tal trato? O peor aún ¿Están nuestros hijos necesitados de que les salga un “papá” o una “mamá” más? Nos resta abrigar la esperanza que se le prestará mayor interés a este aspecto de la formación escolar y se empezará a incluir en los programas educativos la temática de las bibliotecas públicas, no sólo para hacer énfasis en el comportamiento que debe mantenerse dentro de ellas, así como el cuidado de los materiales que allí permanecen, sino el valor que representan para la humanidad por cuanto otorgan el poder para acceder a ese maravilloso mundo llamado: el conocimiento. ULA-Táchira (soryady1@yahoo.es)

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