lunes, 5 de julio de 2010

ESPERANDO

I
SUS NEGRAS MANOS la acarician desbaratándola en un sudor que no puede ya disimular. Se nota que está desesperado. La percibe tan fría que la vuelve a acariciar una y otra vez hasta calentarla, hasta hacerla sudar mucho más. Se desprenden inocentes -ante semejante estímulo- unas gotitas. La percibe burbujeante. Sin proponérselo, logra hacerla estallar en pompas que emergen suavemente.
Las manos cautelosas vuelven a recorrerla logrando que la sensación de cosquilleo parezca dormitarse. El burbujeo cesa y el sudor se vuelve incontenible; humedece no sólo los dedos invasores, sino la palma de la mano entera.
Sus negras manos la acarician hasta que –sin querer- la calienta por completo.



II
A lo lejos, el barman observa al corpulento hombre toquetear –con notable gesto de resignación- la copa de champaña. Se pregunta << ¿Por cuánto tiempo más lo hará?, si esa persona a la que espera noche a noche -desde hace años- seguro nunca llegará.>>





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