lunes, 16 de julio de 2018

¿Percepción del arte o simplemente gustos?

Hace pocos días fui a ver una obra de teatro que me dejó los "ojos cuadrados". Salí pensando en si fue una cosa de simple gusto o definitivamente me hacen falta herramientas para percibir el arte; para acceder a él; para degustarlo como a un manjar.
Y no es la primera vez que me sucede. Hace ya más de una década me sucedió lo mismo con la ganadora del Oscar Crash.



Esta última le arrebató de las manos la preciada estatuilla a la favorita de ese año: Secreto en la montaña. Exceptuando las maravillas de su fotografía (porque de eso no sé nadita), el film sobre un amorío homosexual contenía los elementos necesarios para alzarse con el premio más ansiado de la noche, pero contrario a lo que pensábamos millones de espectadores, se lo terminó llevando una película compleja que he tenido que ver por lo menos cinco veces. Y es que pareciera que tengo una inclinación por los temas fáciles de digerir.
Fíjense que con Moonlight me pasó algo similar.


La película me pareció lenta, un tanto aburrida y con unos baches que no he podido llenar. Una buena explicación sería que no cuento con los criterios manejados por la Academia, los cuales incluyen detalles técnicos como la musicalización, fotografía, guión, montaje y pare de contar.
En todo caso, esa complejidad para acceder a las distintas formas del arte me hacen cuestionar si la cosa radica en una respuesta por de más simplona: es cuestión de gustos. Si allí está el meollo del asunto ¿por qué mis gustos son tan básicos? ¿Por qué me fascinan tanto la francesa Amelie y la clásica Matilda; y, no una maravilla como Los sospechosos de siempre ni un apreciado trabajo fílmico como Steve Jobs?
Claro, la forma de narrar puede ser un elemento que prela en mis gustos simples, pues me costó un mundo entender un film como 21 Gramos, pero no dejó ni deja de estar entre mis películas favoritas. Lo mismo me pasa con Babel o Tenemos que hablar de Kevin.  
La forma en cómo está presentada la obra de arte es fundamental así como los conocimientos previos del receptor, de eso estamos clarísimos. No obstante, la obra en sí misma debería dejarse acoger por todos los públicos. Tal vez por eso se valoran mejor unas obras respecto a otras.
Yo por ahora me despido llevando a cuestas la carga de la duda y la culpa. Me declaro culpable de no poder acceder a algunas joyas del arte como por ejemplo la laureada El hilo fantasma

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